Hello! Hoy quiero platicar sobre la inspiración y el proceso creativo, ya que hace unos días, hablando con una amiga, me preguntó: “Oye Bonnie, y tú ¿de dónde sacas la inspiración para tus proyectos?” Esto me hizo pensar: “¿Realmente me fijo en algo para inspirarme?” Sé qué suena cliché decir que la inspiración viene de todos lados, pero en mi caso, al trabajar con un cliente, no importan tanto mis gustos personales, sino lo que necesita o quiere transmitir.

Claro que todos tenemos métodos diferentes de comenzar cada proyecto, y por eso quiero contarles una manera para que puedan seguir un proceso creativo estructurado. Siempre se empieza de la misma manera, con un lienzo en blanco… Y ¿ahora qué? Bueno, como ya les he dicho ¡no hay una sola respuesta correcta! Las ideas y la inspiración pueden llegar en el momento que menos esperas, pero al trabajar para un cliente tenemos que ser más estrictos con nuestros tiempos y realistas con el proceso que debemos llevar al cabo.

Esperar que un rayo de inspiración caiga suele llevar mucho tiempo; por eso recomiendo planificarlo, con fechas, lineamientos y demás detalles importes.

Lo mejor que puedes hacer es sentarte y anotar —de la manera que más te guste— los pasos que debes seguir. Cada proyecto se maneja de forma diferente, pero lo principal es tener en claro qué debes hacer para llegar al resultado final.

Cuando vemos el panorama completo, puede que sea algo abrumador, pero también nos ayuda a ser conscientes de la dimensión del proyecto (sin importar el giro del negocio).

Primero tenemos que empezar por crear una base. Ésta puede partir de un sentimiento, un color o un momento que queramos transmitir. Con eso podrás tener una idea más clara de hacia dónde debes ir; después ¡a investigar! puesto que cada detalle importa. Cuanto más sepas, más fácil te será conectar conceptos y crear ideas, que te ayudarán a encontrar la inspiración.

Cuando creamos una idea debemos preguntarnos ¿Se ha hecho antes? ¿Qué puedo hacer diferente? ¿Cómo reaccionará la gente? Entre otras preguntas, las cuales te servirán para crear un “storytelling”, es decir la historia que quieres contar, creando una atmósfera y emociones con las que tu audiencia pueda conectarse y sentirse identificada.

“La gente olvidará lo que dijiste; la gente olvidará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo le hiciste sentir” – Maya Angelou.

Al definir un concepto clave, las demás piezas caerán en su lugar. Ya tienes la base de lo que quieres transmitir, y ahora ¿de dónde saco las referencias? Como hemos mencionado antes, Instagram, Pinterest y Behance son herramientas que nos pueden servir para encontrar inspiración, ¡pero con cuidado! No debemos tratar de recrear o copiar una idea.

Toda tu investigación y búsqueda de referencias son la base para crear tu propia idea; no tengas miedo de cambiar, borrar o editar cada paso. La perfección no existe. Mantener un estado de tranquilidad te ayuda a dejar las ideas fluir y evitar los bloqueos creativos.

Sigue los pasos que creas que son necesarios y no dudes tomar pequeños “breaks” para no agotarte. Recuerda darte tiempo para procesar las opciones. Tampoco dudes pedir ayuda; a veces, al estar inmerso en una misma idea tendemos a pasar por alto ciertos errores; las revisiones son una parte importante para llegar al resultado final.

Ahora sí, es momento de empezar a crear. Prepárate tu bebida favorita, el playlist perfecto para esos momentos de inspiración, y un lugar cómodo para trabajar. Deja que tu mente vuele y da forma a lo que pasa por ella en todo momento.

Si tienes más dudas o alguna idea que quieras llevar al cabo, no dudes escribirme. ¡Nos vemos el siguiente jueves!

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