El cine llegó para cambiar la forma de ver el mundo, para cambiar el paradigma del entretenimiento. No es sorpresa que el cine haya evolucionado tanto a lo largo de los años, y sobretodo, la forma de hacerse. ¿Nos acompañas en este recorrido?

El inicio del cine: los hermanos Lumiere

Empecemos la historia con los hermanos Auguste Marie y Louis Jean Lumiere quienes revolucionaron la industria y el arte de la imagen con sus inventos sucesivos de la foto instantánea, las películas de cine y el autocromo en color.

Cinematógrafo inventado por los hermanos Lumière, 1895. El aparato consistía en una caja de madera con un objetivo y una película perforada de 35 milímetros. Ésta se hacía rodar mediante una manivela para tomar las fotografías instantáneas que componían la secuencia (que no duraba más de un minuto) y proyectar luego la filmación sobre una pantalla.
Cinematógrafo inventado por los hermanos Lumière en 1895. El aparato consistía en una caja de madera con un objetivo y una película perforada de 35 milímetros. Esta se hacía rodar mediante una manivela para tomar las fotografías instantáneas que componían la secuencia (que no duraba más de un minuto) y proyectar luego la filmación sobre una pantalla.

Sus investigaciones incluían desde la técnica de coloreado a mano empleada por los japoneses en sus estampas hasta las placas de vidrio traslúcido que se podían proyectar en una pantalla. De hecho, consiguieron en sus fábricas de Monplaisir un procedimiento bautizado como “tricromía”, que los camarógrafos de la empresa presentaron como pruebas fotográficas en color tras las sesiones de cine. La pintura, la fotografía y el cine compartían un mismo lenguaje, pues todos reflejaban los cambios de la Naturaleza, encuadraban el tiempo detenido y atrapaban la luz fugaz del paisaje. Sólo faltaba que compartiesen una mirada en colores.

George Méliès y el Viaje a la luna

Avanzamos unos años más en 1902 con George Méliès. Era un ilusionista que vio en el cinematógrafo de los Lumiére la herramienta perfecta para llevar a cabo trucos con lo que deslumbrar al público de esos primeros años del siglo XX.

Méliès exhibió su arte en barracas de feria y creó centenares de películas en muy pocos años con las que pudo crear nuevas realidades y hacerlo además con una poesía visual y con una intención narrativa inéditas hasta entonces.

Entre ellas, la más famosa, la más icónica es este Viaje a la luna que el mago rodó en el primer estudio cinematográfico de la historia, un invernadero de cristal para conseguir la mayor cantidad de luz posible, además de proteger al equipo de las inclemencias del clima. De ese modo, el rodaje era continuo y de ahí la prolífica producción.

Como vemos en la pieza, abundan los efectos especiales marca de la casa: desapariciones, transformaciones y añadidos que no distaban mucho de su época como ilusionista. Quizás rudimentarios si los vemos con ojos actuales, no dejan de ser epifanías visuales todavía vigentes en el séptimo arte.

Viaje a la Luna (1902)

La primera película sonora: El Cantor del Jazz

Estas primeras piezas del cine tenían limitaciones técnicas: eran mudas, en blanco y negro y no existía por aquel entonces el montaje. Trataban temas cotidianos arraigados a la clase obrera: La salida de la fábrica Lumière en Lyon, La llegada del tren, La llegada de los congresistas… todas ellas realizadas a finales de 1800 y principios de 1900.

El cantor de Jazz está considerado como el primer largometraje del cine sonoro, dirigida por Alan Crosland. Este filme abrió el camino del cine como forma artística e industria lucrativa. La Warner Bros eligió como su protagonista a Jolson, uno de los vocalistas más populares de aquella época, que ya era una estrella en el mundo del espectáculo y que además, poseía una considerable fortuna.

Algunos filmes anteriores ya habían contado con pedazos de diálogo, pero eran cortometrajes. El primer largometraje en el que los estudios Warner Bros habían utilizado el Vitaphone había sido Don Juan, de 1926, protagonizado por John Barrymore. Pero se trataba de una película muda, que en términos de sonido sólo había contado con efectos y banda sonora instrumental sincronizada.

Como Don Juan, El cantor de jazz había sido inicialmente concebida como un largometraje mudo, con efectos y banda sonora, con la diferencia de que incluiría secuencias sincronizadas de canto en la voz de Al Jolson. No había intenciones de que tuviera diálogos, pero durante su primera actuación, después de cantar Dirty Hands, Dirty Face, Jolson improvisó la frase: “Esperen un minuto, esperen un minuto, todavía no han oído nada”. Y quedó en la historia.

El cantor de Jazz (1927)

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