Auténtica, valiente, una líder natural. Así es Claudia Ponce Miranda, a quien tuvimos el honor de entrevistar, y quien nos contó la historia que le llevó a comprometerse en la gran labor de ser directora del CRIT Yucatán y, sobretodo, que le llevó a ser la gran mujer que es hoy día.

Claudia Ponce Miranda es la séptima hija de un matrimonio yucateco, donde la encomienda principal de la familia siempre fue la de formar buenos hijos e hijas que tuvieran aporte a la sociedad.

Estudió la carrera de Comunicación en la Universidad Anáhuac Mayab para después hacer una especialización de Comunicación organizacional y publicidad en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid, España.

Claudia Ponce Miranda nos comenta que trabajó en la empresa familiar de seguros que regenta su padre, y ahí estuvo más de 15 años. Su labor se desarrollaba con el tema organizacional, con la apertura de sucursales, con recursos humanos, eventos y logística. Más tarde, junto con una socia, creó una empresa de organización de eventos, que se llama Amor del bueno. Ahí, desarrolló su faceta de empresaria al realizar diferentes tipos de eventos, además de ofrecer servicios de consultoría de empresas para mejorar el clima laboral.

Claudia Ponce Miranda, directora del CRIT Yucatán.

Así inició el interés de Claudia Ponce Miranda por ayudar a los demás.

La directora del CRIT Yucatán cuenta que hubo un momento de reflexión en su vida, concretamente, cuando su mejor amiga y ella se embarazaron al mismo tiempo.

Claudia dio a luz a su hija Ana Claudia, quien hoy día es una niña completamente sana que está comenzando su tercer año de secundaria. Por otro lado, María Paula, hija de su mejor amiga, nació con epilepsia de difícil control y parálisis cerebral.

Compartir maternidad les hizo unirse mucho más. Claudia nos cuenta que este acontecimiento fue muy difícil de digerir para su amiga. Estaba muy enojada con la vida y la forma para saber que ambas estaban bien eran los mensajes que se enviaban de “amanecí” y “sobreviví”.

En ese momento abre el Teletón en Mérida y María Paula comienza sus visitas al lugar. Durante el acompañamiento, no solo la niña se vio beneficiada, sino también su amiga, a quien ayudaron con talleres de acompañamiento psicológico y tanatológico.

“Todo ese esquema se lo dieron; aceptó la discapacidad, llevó un proceso, llevó un duelo y me la devolvieron en vida. Desde allá empecé a ser defensora del Teletón.”, nos señala Claudia.

Una mujer empoderada, congruente y auténtica

Claudia indica que al empezar su vida laboral, el ambiente era difícil. “Me encantaría hacer talleres para empoderamiento a la hora de tener un primer trabajo, porque nada ni nadie tiene por qué rebajar la dignidad de otro”.

Además, nos cuenta que el valor con el que más se identifica es con la congruencia, pues es fiel a su persona y ya no se queda nada callado. “No hay forma más grande de congruencia y autenticidad que cuando uno es fiel a sí mismo”, agrega la directora.

Esa congruencia le da mucha paz, pues el saber que algo está cambiando es lo que le da sentido a su vida. “Ser la voz de una causa era algo necesario, porque hay muchas historias que necesitan ser contadas”.

Ante todo es humana

Durante la entrevista, Claudia nos comparte la dificultad de ser madre y trabajar al mismo tiempo, pero tener una red de apoyo con su psicóloga, con una mamá del colegio de cada uno de los salones y con su exesposo ha ayudado en todo el proceso.

“Entreno a las 5:30 a.m.; llego a trabajar, saliendo de mi trabajo estoy con mis hijos y dos veces a la semana ceno con mi hermano o con alguien más. También es importante tomar descansos; cada 15 días, los niños se van con su papá y me tomo sábado y domingo para un día de pizza y Netflix. También me apapacho y me permito esos espacios sin culpa”. Finaliza. ¡Un placer conocerte, Claudia y sigue con esa labor que haces!