Diana Castillo Laviada de Barrera es una mujer que ha sabido compaginar a la perfección su rol de madre y esposa con su vida personal y profesional; platicamos con ella para que nos cuente cuáles son las claves para conseguir ese equilibrio y desarrollarse por completo.

Esposa de Renán Barrera Concha, siempre ha tenido una vida muy activa entre su profesión de nutrióloga, su labor de acompañamiento en la política, y como mamá de Renán y Daniela de dos años nueve meses y un año cuatro meses, respectivamente. Pero gracias a que siempre ha sido “muy acelerada, activa y sobre todo organizada” es que consigue cumplir con cada ámbito en su vida.

“No hay que perder de vista que primero somos mujeres y que tenemos que estar bien con nosotras mismas para estar bien con nuestros hijos y nuestras parejas”, resume.

Como nutrióloga se ha mantenido dando consultas desde el 2005 y es una actividad que le encanta. “Sentarme en el consultorio es mi rato de paz. Me gusta mucho escuchar a los pacientes y te vuelves un poco psicóloga porque te cuentan toda su problemática en torno a la alimentación”.

Para lograr todo siempre ha trabajado en equipo. “Necesitas a alguien que te apoye en casa para poder dividirte y organizarte con los horarios; soy una persona demasiado ordenada, organizada y estructurada. Es muy importante saber tus limitaciones y distinguir entre lo importante y lo urgente”, explica.

“Trato de ser muy autosuficiente siempre y solucionar las cosas sin tener que llamarle a mi papá, hermanas o a Renán; trato de no dar molestias porque nosotras como mujeres y como mamás podemos hacer muchas cosas a la vez”.

Incluso actividades cotidianas como el fin de semana, salidas al parque o las vacaciones son algo que tiene que agendar para poder equilibrar todas sus funciones. “Me gusta mucho el desahogo con las amigas, a veces nos dan las 2 de la mañana en la plática poniéndonos al día con nuestras anécdotas, compartiendo lo que estamos viviendo con los niños, horarios, el día a día; te das cuenta que todas pasan por lo mismo y te relajas”, platica.

Su rutina diaria incluye pocos ratos libres, pero en esos momentos aprovecha para organizar sus foto libros. “Soy amante de los recuerdos, álbumes de fotos. Tengo toda mi historia desde que nací bien documentada”. Otra actividad que le gusta mucho es hacer ejercicio, actividad que dejó hace dos meses por falta de tiempo.

Antes de ser madre, divide los años como los tres que estuvo sola con Renán y los tres en que estuvieron inmersos en el Ayuntamiento con su esposo como alcalde de la ciudad y ella como presidenta del DIF. “Fue una etapa muy activa porque me pude meter de lleno y sin tener ninguna otra preocupación más que mi casa y el DIF. Los días se me iban muy rápido y los fines de semana tratábamos de escaparnos y desconectarnos aunque sea esos dos días”, añade.

Estar seis años sin hijos les permitió crecer en lo personal y desarrollarse, en su caso con el estudio de una maestría. “Siempre hemos sabido no limitarnos ni celarnos el uno a otro en las situaciones o personas; la verdad es un matrimonio diferente a otros porque él está muy inmerso en su labor política y a veces te privas de muchas cosas como eventos familiares. Se vuelve algo llevadero pues entiendo que hay una responsabilidad que anteponer y ya es parte de eso con lo que hemos estado creciendo como familia”, confiesa.

“Siempre he sido una persona que se ha mantenido muy ajena a la política, me dedico a mi profesión y desde que conocí a Renán me he involucrado lo necesario en donde pueda aportar y colaborar”, explica.

Involucrarse en la política no es algo que ella buscara en lo absoluto; sin embargo, durante su adolescencia fue parte de muchos movimientos sociales, apostolados y labor social como ser dirigente de Valores, irse de misiones o participar en retiros de Rocamar. “Lo que aprendí todos esos años lo pude canalizar en el DIF, pero en lo absoluto es algo que haya buscado o que a futuro quiera buscar algo relacionado con la política”.

“Cuando Renán ganó en el 2002 me dediqué de lleno a lo que sé hacer que es la nutrición y me apasionó mucho. Le dimos bastante empuje al Cemanud que fue el Centro Municipal de Atención a la Nutrición y Diabetes”. De esa manera vio cumplir sus sueños de universidad de ayudar un poco a cambiar el mundo, además de que en esa época acababa de terminar la maestría y tenía las ideas muy frescas para fortalecer el área de nutrición en Mérida.

Justo ahora con Renán Barrera como candidato a la alcaldía, Diana explica que ella solo esta como acompañamiento en las actividades que lo permiten, sin embargo en el momento que requiera meterse de lleno a planear y organizar lo hará. “Tener hijos es algo que me ha sensibilizado y de ganar me gustaría enfocarme en el área de guarderías y darle mayor facilidad a la mujer para hacer su dinámica de vida sin olvidarse de ella”, explica.

Algo que a Diana Castillo le gusta resaltar es que nunca ha dejado su labor de nutrióloga a pesar de todas sus demás actividades y eso se debe a que es una profesión que realmente disfruta, además de que le gusta ejercer. “Desde la secundaria sabía que quería dedicarme a la Nutrición. Mis papás siempre me decían que tenía que pensar en una carrera para salir adelante y que se pueda compaginar con los demás roles; elegí la nutrición porque cubría todo lo necesario”.

Su consejo para otras mamás que están en búsqueda de equilibrar sus vidas es que se “relajen un poquito”. “No hay que caer en la sobreprotección de los hijos, hay que dejarlos crecer”, agrega.

“La maternidad me permitió descubrir una parte de mí que no conocía: el ser más paciente. Y la mayor satisfacción es ver a tus hijos felices y ver que están encaminados a ser personas de bien. El esfuerzo de despertarse, no parar, estar cansada y seguir es algo que vale mucho la pena”, finaliza.

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