Esta semana es el cumpleaños 57 de la reconocida diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, quien visitó por primera vez Mérida hace un par de meses para realizar una pasarela, en la que tuvimos oportunidad de platicar con ella. Agatha es reconocida a nivel mundial gracias a sus coloridos diseños y más de 35 años de trayectoria diseñando no sólo ropa, sino calcetines, lentes, maletas, bolsos, cepillos de dientes, abanicos, relojes, zapatos, cunas, joyería, cuadernos, clips, bolígrafos, perfumes, toallas, almohadas, cascos, sillas, azulejos e incluso velas de barco y parques infantiles.

De pequeña en realidad quería ser pintora y siempre estaba dibujando, sin embargo se dio cuenta de que era una profesión muy dura y solitaria. “Me di cuenta de que cuando eres joven lo que te hace más feliz en el mundo es ir bien vestida. En el mundo de la moda todo es trabajo en equipo, nunca estás sola y eso me encanta”, platica acerca de cómo se dio cuenta de su pasión por la moda.

Además, siempre ha estado relacionada con las artes, su papá es arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo e incluso ella asegura que hay semanas en donde ha ido hasta a 10 museos.

Todos los diseños de Agatha resaltan no sólo por el atrevimiento, sino por lo colorido, siempre utiliza tonos muy vibrantes priorizando el rosa mexicano, un color que se le quedo marcado desde pequeña cuando veía a sus primas mexicanas utilizar unas bandas de color fucsia y además muy presente en la cultura española.

“El mundo de la moda hay dos equipos importantísimos, el poderosísimo negro, color de la moda por excelencia al que yo odio y luego hay un color rosa mexicano que ha querido muchísima gente y es muy importante para quienes de verdad les encanta la moda. Es un color muy español, fíjate en las medias de los toreros, en sus capas…” explica.

La idea de ir diseñando de todo es algo que surge gracias a la profesión de su padre. “Soy una especie de arquitecta frustada porque no hice la carrera y siempre me ha gustado. Me enloquece la obsesión de hacer cosas para la casa y hay diseñadores que me han influido mucho como Javier Mariscal o Philippe Starck que ha hecho desde un cepillo de dientes hasta hoteles y barcos”.

Sobre su visita a Mérida confesó que es un lugar al que no conocía. “Es muy especial, es un México puro y duro; vine con mucha ilusión porque no es lo mismo hacer un desfile aquí que en Madrid con el mejor backstage del planeta. Estoy impresionada de la gente tienen una gran cantidad de cosas mías y estoy muy agradecida de cómo me está tratando México, soy feliz aquí, yo quería conocer el país y ya he venido más de 40 veces, trabajo con empresas mexicanas, tengo un gran equipo aquí y veo a muchas personas con mis cosas”, agregó.

Ser diseñadora es algo que describe como “genial”, pues le permite terminar un desfile, agarrar sus maletas e ir por el mundo para viajar y conocer. “Siempre estoy aprendiendo sin parar. Es una profesión muy bonita, un trabajo precioso, pero muy competitivo. Mucha gente se desespera porque al final es mucho más duro de lo que se imagina”, explica.

“Me gusta todo, me divierte, si eres diseñador eres feliz todos los días de tu vida”, agrega.

Para Agatha, actualmente la competencia es algo “salvaje”, ya que no sólo compites con otros diseñadores reconocidos, sino con industrias gigantes como Zara y para un diseñador joven resulta “imposible hacerte un traje con el precio de ellos”.

La gran aceptación de sus diseños la ha llevado a tener una vida sumamente ajetreada participando en los desfiles más importantes del mundo y siendo reconocida con múltiples premios de moda, por lo que “no puede” permitirse el lujo de no tener inspiración. “Hay tanto que hacer, tengo tanto trabajo que nunca me ha pasado, pero si no se te ocurre nada te pones a limpiar y seguro algo sucede. La inspiración no es una cosa, es una suma de pequeñas cosas”, afirma.

“Mi vida es completamente atípica, hoy estoy aquí, luego en Montevideo, Costa Rica, Cancún, es una locura, es muy surrealista, pero voy llevando mi estudio a todas partes gracias a las nuevas tecnologías que permiten que aunque estés lejos estés trabajando y ahí estoy con todo, a la vez es divertido, pero un día mío nunca es igual”, agrega.

Es por eso que una de las cosas que más extraña es la rutina, pues le gustaría tener más tiempo para crear una relación profunda con sus perros. “Tengo muchísimos y los adoro, pero ellos ven que llego y me voy, como relación no es muy seria”.

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